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EL LUMINOSO DE GRAN VÍA DE SCHWEPPES BRILLA EN UNA HIELERA VINTAGE DE EDICIÓN LIMITADA POR SU 50 ANIVERSARIO

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  • El objeto de deseo imprescindible en estas Navidades, una edición limitada de estilo retro personalizada con una ilustración del mítico luminoso

  • El icónico neón de Gran Vía fue instalado en 1972 en el edificio Carrión y, desde entonces, es mucho más que un elemento publicitario: se ha convertido en un símbolo cultural y en parte del paisaje urbano de la ciudad de Madrid

  • La firma de refrescos prepara una exposición fotográfica e inmersiva con las mejores instantáneas del letrero histórico y de la evolución social en la Gran Vía y en sus calles aledañas

Nevera SchweppesLos años 70 fueron la época del cambio en España. Aquel país en blanco y negro, sumergido durante años en una autarquía económica y cultural, se había abierto al mundo con entusiasmo, sobre todo para una juventud ávida de novedades, para la que la guerra era algo lejano. Fue el origen de todo lo que vendría después, una década de progresiva apertura, modernización y contracultura. Y el luminoso de Schweppes fue un símbolo de toda esta corriente, de una España que quería brillar en Technicolor y estar en lo más alto. En agosto de 1972, la marca de refrescos Schweppes —que ya llevaba 15 años operando en el país— instaló un espectacular neón que enseguida se integró a la perfección con el bullicio de ese mentidero underground y vital que siempre fue la Gran Vía de Madrid. La compañía de refrescos celebra ahora el medio siglo de vida de su letrero más famoso con la creación de un objeto que evoca los valores de Schweppes —fiesta, amigos, diversión y compartir momentos en la mejor compañía: una hielera-carrito vintage en la que su luminoso tiene el protagonismo. Los Papás y Mamás Noel y los Reyes Magos ya pueden estar atentos y ponerse las pilas, porque esta hielera va a ser el regalo que todos querrán para las Navidades que ya están a la vuelta de la esquina. Esta edición especial de hielera carrito, de color negro, está personalizada con una ilustración de las icónicas barras de neón del histórico rótulo.

UN NEÓN QUE ES HISTORIA Y PAISAJE

Testigo de la historia de la ciudad, y legado de una época en la que los luminosos eran el mejor elemento publicitario para las marcas —en aquellos años en que España abrazó la sociedad de consumo—, el neón de Schweppes lleva presidiendo esta calle desde hace medio siglo. Fue el 5 de agosto de 1972 cuando Schweppes consiguió la licencia para colocar este enorme letrero en el edificio Carrión. Un mes más tarde, en septiembre, se instaló. Desde entonces, es imposible imaginar la Gran Vía sin él. Aquella incesante sucesión de colores, de una firma que traía bajo el brazo una chispeante sensación de libertad y modernidad, supo enseguida fundirse con el paisaje, y con el alma, de la calle donde siempre ha latido el corazón del Madrid más rompedor.

El cartel está situado a 37 metros de altura, mide 10,65 x 9,36 metros y el conjunto del letrero alcanza los 600 kilos; lo

integran 104 neones de colores: azul y amarillo para las letras, mientras que rosa, diferentes tonos de azul, rojo, amarillo y verde para el resto del letrero. Se enciende de manera progresiva y siempre ha estado ahí, como un vigía de la agitada vida madrileña. Solamente dejó de brillar durante unas semanas en 2004, cuando tuvo que ser retirado para hacer unos trabajos de remodelación y volvió con un nuevo aspecto: las letras pasaron a ser en minúscula y en otra tipografía diferente. Pero su encanto y su carácter icónico seguían como siempre. 

Desde entonces, es parte fundamental del paisaje urbano más castizo, conformando uno de los rincones más buscados por los turistas que fotografían de manera incansable este icono de la ciudad. Tanto es así que fue declarado en 2010 como rótulo histórico por el Ayuntamiento de Madrid. Un año antes, una ordenanza para regular la publicidad lumínica lo puso en el punto de mira, aunque la movilización ciudadana consiguió su indulto y el de otros neones muy queridos en la ciudad. Hay mil curiosidades en torno al colorido neón de la tónica más universal. Poca gente recuerda o sabe que tuvo un hermano mayor. Schweppes ubicó en 1966, en la madrileña calle San Bernardo esquina con Gran Vía, un primer luminoso publicitario, que recreaba una botella en efervescencia en consonancia con los valores de la marca. Tenía doce metros de altura y dos de anchura. En el número 13 de esta calle, el cartel estaba colocado en el arco de la fachada del edificio, entre los pisos primero y cuarto, y finalmente fue retirado en 2015.

En sus 50 años de historia, la popularidad del neón de Gran Vía no ha hecho más que subir. Su aparición en anuncios, fotografías, pinturas y películas –inolvidable la escena de la cinta El día de la bestia de Álex de la Iglesia— lo ha convertido en toda una leyenda a la que le queda pila —o neón, para ser exactos— para rato. La edición de esta hielera especial es una de las acciones con las que Schweppes quiere festejar este cumpleaños tan significativo. Pero hay más. A finales de año inaugurará una exposición inmersiva con las imágenes más icónicas del luminoso, pero también otras instantáneas de archivos públicos y privados que recogen la vida de la calle más dinámica y reconocible de una ciudad que siempre ha abrazado lo mejor de la modernidad y de sus tradiciones centenarias. 

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