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TINTO FIGUERO: LA ELEGANCIA DEL TEMPRANILLO.

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Gemma Pedreño

Gemma Pedreño

Sumiller. Periodista. Madrid

Bodegas Tinto Figuero nace en 2001 de la pasión y el saber hacer de José Mª García. Muchos años antes, tras su casamiento con Milagros Figuero, reunieron como dote 1000 cepas, y en ese momento empezó a cultivar sus viñas con la sabiduría de quien ha vivido el campo desde que nació. Siempre ávido de adquirir nuevas viñas, José María fue fraguando en su cabeza la creación de la bodega, materializándolo en dicho año.

Podemos asegurar que José Mª, hombre cultivado en su oficio, ha hecho de su pasión la elegancia personificada en sus vinos, y ha dejado su legado a las siguientes generaciones, pasándoles el testigo de su buen hacer.

La bodega se encuentra ubicada en el corazón de la DO Ribera del Duero, en concreto en el pueblo de La Horra (Burgos).

Situada en los terrenos más altos de dicha DO (entre 800 y 900 metros de altitud), con el Río Duero al Sur y el monte al Norte, con un enclave privilegiado por su orografía ondulante, y las diferentes orientaciones de sus viñas, proporciona a sus cepas una característica: uvas con una gruesa piel que aportará la estructura necesaria para elaborar un gran vino.

Si a todo ello unimos unos suelos principalmente arcillosos y arenosos, con cepas cultivadas en secano para que la planta enraíce lo más profundo en el suelo, con podas manuales y en verde, respetando al máximo el ciclo de la cepa, les otorga a sus vinos cuerpo, sedosidad y personalidad.

Tres expresiones del tempranillo:

Tinto Figuero 4

 

Cosecha 2019, Alc. 14,5% vol.

Calificada esta cosecha como excelente por la DO Ribera del Duero, nos encontramos con un vino joven, criado 4 meses en barricas de roble nuevas, 50% francesas y 50% americanas, y permaneciendo mínimo 1 año en Botella hasta su salida al mercado.

En vista tiene un color rojo cereza intensa con ribetes morados en copa. Su aspecto es limpio y brillante, sin impurezas.

Juguetón, muy fresco en nariz, es un vino que nos va a dar aromas a frutos rojos como la frambuesa y la grosella.

La entrada en boca es suave, redondo, lo que hace que se reparta muy bien por toda ella, proporcionándonos aromas y sensaciones que regresan a la nariz tras dar un sorbo al vino (es lo que se llama retronasal), de vainilla y regaliz, y dejándonos un recuerdo largo del trago que acabamos de dar.

Es un vino elegante, con una buena combinación de acidez y tanicidaz (grado de presencia de taninos en el vino), muy atractivo para los amantes de vinos jóvenes y frescos, pero bien integrados, sin que nada te perturbe en boca.

Estamos, por tanto, ante un vino que, a pesar de su juventud, está muy bien integrado y nos da una robustez que nos permitiría mucho “jugar” en coctelería con él.

Tinto Figuero 12

 

Crianza 2017, Alc. 14,5% vol.

Catalogada por la DO Ribera del Duero como una añada muy buena, la cosecha fue muy temprana en La Horra, por lo tanto, con una uva muy madura y con mucho azúcar se elaboraron mostos con un grado de alcohol elevado, lo que le permitió al vino tener una buena estructura.

Figuero 12 tiene un color granate oscuro intenso, limpio, con una capa muy alta. En esta ocasión, estamos hablando de cepas en torno a 40 años, cuyo vino es criado un mínimo de 12 meses en barricas de roble nuevas, 85% francesas y 15% americanas, y posteriormente embotellado hasta completar los 24 meses mínimos que pide la DO para poder llamarse Crianza.

Su intensidad en nariz es alta, con aromas a frutas negras como la grosella o la mora, y a especias como el clavo y la canela, que nos podrían recordar a un Brandy solera.

Si agitas la copa, enseguida salen los aromas a flores como la violeta, pero permanecen en segundo plano las especias.

Su entrada en boca es redonda, con una buena tanicidaz. Estamos, en definitiva, ante un vino elegante y goloso.

Tinto Figuero 15

 

Reserva 2016, Alc. 14,5% vol.

Es el vino más complejo de los tres que hemos catado. De un color granate intenso, con ribetes rojos, en copa se muestra limpio, brillante y muy alto de capa.

En nariz nos despiertan aromas característicos de la uva Tempranillo para vinos de guarda (aquellos que podemos tener en casa entre 5 y 10 años en condiciones idóneas): fruto negro como la mora o grosella, y especias como el clavo o regaliz.

Es lógico que nos recuerde a estos frutos maduros, ya que estamos hablando de cepas de más de 60 años, cuya producción es de un kilogramo de uva por cepa. Si a eso le añades la crianza mínima de 15 meses en barricas de roble francés, y sus casi dos años en botella, se desprenden esos aromas.

Según agitas la copa y el vino se va abriendo, aparecen aromas balsámicos.

En boca, estamos ante un vino muy suave, sin que haya nada que te provoque un mínimo de agresividad, con unos taninos tan finos y una acidez tan elegante, que incluso pudiéramos hablar de un vino perfectamente válido como copa de sobremesa, por su estructura y calidez.

Bodegas Tinto Figuero La Horra (Burgos)

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